El clima de Cali es bimodal: no llueve parejo todo el año, sino en dos temporadas —una alrededor de marzo y abril, otra entre septiembre y noviembre— separadas por periodos más secos. Eso tiene una consecuencia práctica para cualquier casa de la ciudad: durante meses las canaletas, los tejados y los desagües no reciben una gota, se llenan de hojas y polvo, y de repente les cae encima un aguacero de los que en Cali suelen ser cortos pero muy intensos.
La mayoría de las goteras que aparecen en esos días no son por un techo malo. Son por agua que no encontró por dónde irse.
Qué revisar antes del primer aguacero
- Canaletas y bajantes: saca hojas, tierra y nidos. Una canaleta tapada rebosa hacia la pared, y la humedad entra por donde nadie la busca.
- Rejillas y sifones del patio: échales un balde de agua. Si se demora en tragar, ya sabes qué va a pasar con la lluvia.
- Tejas partidas o corridas: se ven mejor desde abajo, a contraluz, en un cuarto oscuro con el techo iluminado por fuera.
- Silicona de claraboyas y tragaluces: si está cuarteada o despegada, ahí va a entrar el agua.
- Marcos de ventanas: revisa el sellante por fuera, sobre todo en las que dan al occidente, que reciben sol y lluvia de frente.
Con qué se resuelve
Casi todo lo anterior se arregla con herramienta básica y materiales de ferretería, sin llamar a nadie: guantes, una escalera estable, una espátula para retirar la silicona vieja, una pistola de silicona con sellante para exteriores, cinta o manto asfáltico para un remiendo puntual y, si hay que subir al techo, calzado con buen agarre.
La regla práctica: si el agua tiene por dónde salir, la casa no se moja. Casi todo el mantenimiento de lluvia es despejar caminos, no tapar huecos.
Lo que no conviene es dejarlo para cuando ya esté lloviendo. Una teja se cambia seca en diez minutos; mojada es peligroso y además el sellante no pega sobre superficie húmeda.
